
El valle invisible
El valle invisible
El enclave geográfico que alberga el Valle Invisible, cuyo nombre literal es Valle de Mijares, constituye una vasta planicie estratégicamente delimitada dentro del concejo de Llanes. Esta llanura se extiende en la ladera de la Sierra del Cuera, lindando, por un lado, con el Mar Cantábrico y, por otro, con el monte conocido como la Cuesta de Cué. Este sereno paraje es depositario de una memoria histórica de gran calado, ya que fue precisamente en esta ubicación donde en la guerra civil, se erigió un rústico aeródromo que sirvió a las fuerzas republicanas. La relevancia estratégica de este punto terminó tras su conquista por las tropas sublevadas, un asalto ejecutado por las brigadas navarras y las unidades italianas de los "Flechas Negras”. De aquel complejo militar, el tiempo y la intemperie apenas han preservado vestigios tangibles, solo persisten las ruinas de los hangares y el polvorín, este último situado a media altura en la cuesta. Estos fragmentos arquitectónicos, mudos testigos de un pasado convulso, han trascendido su función bélica para convertirse en un paisaje de recreación. El espacio es hoy un campo de golf, donde los visitantes buscan su propia forma de evasión o sosiego.
En la planicie del Valle de Mijares, es innegable que nada permanece como fue. Su singularidad reside en una sugerente paradoja, para el viajero desprevenido el valle se mantiene invisible, mimetizado en la vastedad del paisaje, sin embargo, cobra una resonancia ineludible en el ámbito de la creación literaria y la reinterpretación fotográfica. El escritor Miguel Ángel Galguera, en su obra homónima El valle invisible, otorga al lugar una dimensión casi mítica, señalando una particularidad climática y social: "Conviene saber que el enjundioso paraje de Mijares tiene microclima —llueve todos los días— y la gente que allí habita hace chifladuras seguramente porque hay un árbol en alguna parte que despide cierto polen de efecto maligno.” Esta descripción evoca un microclima no solo meteorológico, sino también psicológico, que influye en la idiosincrasia de sus habitantes y confiere al lugar una atmósfera de misterio y excentricidad.
Para quien suscribe, este valle fue, durante los veranos de la infancia en el Oriente de Asturias, un verdadero universo de historias, cuentos y personajes. Es en el presente donde la búsqueda se centra en rastrear en sus rincones las huellas de aquellas narrativas pasadas. Este ejercicio de memoria se manifiesta a través de un proceso creativo deliberado que busca destacar la ausencia de figuras humanas, tintar de sobriedad la belleza intrínseca del paisaje capturado, y finalmente, ofrecer una obra de una presencia estéticamente concisa. El Valle Invisible se presenta, en última instancia, como una invitación a la inmersión y a un viaje introspectivo en la frondosidad de su espacio geográfico. Y, quizás, para aquel avezado explorador, una oportunidad para desentrañar la leyenda y hallar el enigmático árbol del polen maligno.
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